miércoles, 30 de diciembre de 2009

Todos los caminos conducen a la nada.

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Nacemos para hacer camino, para recorrer la vida, para encontrar nuestro horizonte. Y casi todos nos empeñamos en encontrar nuestra senda, recorrerla, y alcanzar un fin que nos eleve y nos ponga en un grado superior al del comienzo y, entonces, allí, poder vivir una vida plena.
Pero resulta que la vida no suele ser así (sabe bien la gente cuantos factores y obstáculos interfieren en contrario sobre este objetivo).
Luchamos, aprendemos, creamos y -además- simplemente vivimos (es en vivir donde más aprovechamos - seguramente - nuestras horas en esta esfera que rota y se traslada en el espacio; de la cual no sabemos cuanto nos durará y hacia que futuro nos encaminará -ya sea por culpa de la naturaleza o del hombre-).
Pues finalmente, cuando nos llega la hora, abandonamos la tierra, a los seres que nos rodean, nuestras cosas personales; también nuestros conocimientos, nuestra creatividad y nuestra fe que ya no cuentan, porque a decir verdad a dónde va a parar todo lo enunciado?
Fueron tan importantes algunas de las cosas que hicimos o aprendimos? Verdaderamente no lo sabemos, ni lo podemos comprobar.
"No somos nada" es un dicho muy viejo y muy popular, que hasta a veces nos hace reir por lo repetido, antiguo, y para algunos ridículo. Sin embargo parece que es de los dichos más acertados -por lo menos hasta que no se descubra lo contrario- y que todavía a principios del siglo XXI tiene una vigencia indiscutible.
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Jorge Horacio Richino.
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